La Guerra Fratricida que acaece entre Pedro I y Enrique II tiene unas severas consecuencias dinásticas, políticas, económicas y sociales, que tienen un claro y directo reflejo en las emisiones monetarias. En este entrada se presentan de manera sucesiva las sucesivas monedas acuñadas, procurando que el orden cronológico facilite la comprensión del período en su conjunto.

Emisiones bélicas de Pedro I entre 1366 y 1369

Pedro I emite moneda tanto de oro como de plata baja. Por un lado, una moneda de oro en la que aparece armado con un peso que no se acomoda al peso de la dobla castellana. Por el otro dos series en vellón alto o, si se prefiere plata baja, con unidades y múltiplos por dos y por cuatro, con dos tipos distintos dentro del mismo patrón. Tampoco se acomodan al patrón  hasta entonces existente de los reales de plata de plata y los dineros y cornados de vellón. Aunque se han mencionado monedas de plata distintas de vellón, no hay razones concluyentes para dividir en dos series con la misma tipología y patrones de peso idénticos.

Emisiones bélicas de Enrique II y sus aliados entre 1366 y 1369

Enrique II realizó distintos intentos de asumir el poder en Castilla. La fecha clave es su proclamación como rey en Calahorra en 1366, momento a partir del cual puede hablarse de inicio de emisiones monetarias propias. Entre este momento y la Batalla de Montiel, que acaba con la vida de Pedro I, Enrique fabrica moneda de oro y de vellón muy bajo.

Enrique contaba con apoyo de señores franceses, uno de los cuales, el Aymar de Poitiers, conde de Valence et Die, imitó la moneda castellana en Francia para su distribución durante la conflagración, manteniendo los tipos, pero poniendo su nombre en la leyenda en lugar del de los reyes castellanos precedentes. Acuñadas en Francia, sus monedas se distribuyeron entre las tropas francesas en Castilla.

Emisiones de Enrique II al final de la guerra (1369)

A la finalización de la contienda, Enrique II fabrica un numerario sobrevalorado para cuya fabricación emplea objetos de plata obtenida en las cabezas de los obispados, obligando a su cambio por oro y plata para abonar las cantidades debidas a las tropas extranjeras y permitir su salida. La consecuencia será una importante salida de moneda de metal noble del reino, seguida de la devaluación de la moneda nueva a su valor real, con el consiguiente empobrecimiento de la población.

La invasión de Fernando I de Portugal

Durante el año 1369, el rey portugués, casado con una noble castellana, se proclamó rey de Galicia e instaló una efímera corte en Coruña. Ordenó la emisión de unas series monetarias especiales tanto en en Portugal como en algunas plazas en la corona castellana (Coruña, Tui, Zamora y Valencia de Alcántara). Estas monedas no circulan con el resto de las castellanas y se ordena su retirada en 1370.

La recuperación de los valores económicos a la guerra tras 1373

Tras 1373, Enrique II recupera los valores monetarios vigentes con anterioridad a la guerra, acuñados desde 1277 en adelante y que permanecían atesorados en el reino: reales de plata, cornados y dineros de vellón. Durante la Guerra y los años siguientes, los ciudadanos habían guardado la buena moneda de vellón y la moneda de plata de Pedro I posterior a 1363. Tras las nuevas emisiones de 1373, la buena moneda regresa a su circulación.

Juan I realiza sus primeras emisiones con los mismos patrones de 1373. Estas monedas se incorporan al mercado, consolidando una circulación normalizada de buena moneda: reales y sus divisores de plata y dineros y cornados de vellón acuñados algunos en 1277.

Emisiones de Juan I y Beatriz con la pretensión de ocupar el trono portugués, 1383

La muerte de Fernando I de Portugal en 1383 motiva que Juan I, casado con la hija del rey portugués, entrara con sus tropas en Portugal. Para su financiación, fabrica unas monedas especiales.

La invasión de Juan de Gante en 1386

Juan de Gante, duque de Lancaster, había contraído matrimonio con Constanza, hija de Pedro I. En 1386 ocupó Coruña, desde donde invadió parte del territorio gallego y leonés en una campaña que concluyó con su retirada en 1388. Ya en 1383, había encargado la fabricación en Francia de unos reales con los patrones y la tipología castellana.

Juan I también emite durante este período unos reales de plata con sus divisores. Fundamentalmente, el rey acordó la emisión de una moneda sobrevalorada, los blancos del agnus Dei, que se devaluará en 1387 en las Cortes de Briviesca. Con esta actuación concluye uno de los períodos más convulsos en la historia monetaria medieval en León y Castilla.

Con posterioridad, las monedas de plata emitidas desde Pedro I se mantienen en circulación, pero las de vellón se sustituyen por las que acordó en 1391 Enrique III.

Para saber más:

A. Roma Valdés, Emisiones monetarias leonesas y castellanas de la Edad Media, 2010